Galletas de mazapán y naranja

A 9 días de la Nochebuena y a 16 de Nochevieja, son las dos palabras que me vienen año tras año a la cabeza cuando llegan estas fechas. La primera es atraco: es tremendo ver la manera en la que nos atracan (¿o nos dejamos atracar?, pensadlo bien) en las tiendas, da igual su tamaño, convirtiéndose cada visita a estas en todo un robo a mano armada. Da igual que todos los años y en bucle desde noviembre nos recuerden por activa y por pasiva que es mejor comprar con mucha antelación y que nos den pautas sobre cómo evitar estos atracos en lo posible. Da igual. La mayoría no aprende y desde que llega diciembre con todos sus domingos convertidos en días laborables (y por tanto, de atraco) para las grandes superficies, la gente se transforma (¿o debo decir trastorna?) y sale a la calle poseída por un espíritu comercial que en la mayoría de los casos va mucho más allá de lo realmente necesario.

Quizás todo esto me llama más la atención a mí que a otras personas y me hace reflexionar año tras año porque nosotros desde hace mucho tiempo decidimos no regalarnos nada en Navidad, a no ser que se trate de algo que se necesite de verdad por estas fechas y que no pueda esperar a comprarse más adelante. Otra cosa es que por algún motivo me hayan querido sorprender algún año por algún motivo concreto, pero en esos casos la compra estaba hecha con mucha antelación y siempre por Internet, donde creedme se encuentran unos chollos estupendos en cualquier época del año. Pero esa es nuestra filosofía. Entiendo que cuando se tiene la cultura de regalar (en muchos casos se trata de regalar por regalar) en estas fechas, o cuando se tienen niños en casa, ninguno es mi caso, hay que hacer el paripé de la representación de Papá Noel o de los Reyes Magos, (o de ambas últimamente, para mayor felicidad de nuestros atracadores), y es en esos casos cuando me pregunto por qué la gente no aprovecha las rebajas de verano para empezar a comprar la mayoría de los regalos. Luego toca oír las consabidas y añejas quejas que se oyen al mes siguiente por los sablazos a las tarjetas, o por lo terrible que va a ser la cuesta de enero, y sinceramente, me echo a reír.

La segunda palabra que me llama la atención en estos días es atracón. ¿Realmente es necesario castigar nuestros cuerpos de la manera en que lo hacemos solo porque es Navidad? El ritual comienza normalmente una o dos semanas antes de las fiestas en sí, con las denominadas comidas o cenas de amigos o empresa. Da igual que sean corporativas o que te vayas con tus compañeros de trabajo más cercano. La excusa es pasar un rato con ellos comiendo y bebiendo. El celo con el que se eligen los menús es un fenómeno curioso, porque no solo se trata de los platos (donde lo grasiento y pesado suele dominar), sino que a la hora de decantarse por uno u otro se le da gran importancia a que dentro del precio haya alcohol incluido o no. Parece que una comida entre amigos por Navidad, si no alcanza unas cinco mil calorías, no tiene sentido. Primer atracón. Luego hay quienes convierten los mediodías de los días festivos en verdaderos atracones previos a la cena de la noche, multiplicando por cifras escalofriantes las calorías que nuestros cuerpos están preparados para ingerir sin riesgo en un solo día. Yo me pregunto donde está el placer de dichos atracones, por qué nadie piensa en el daño al que sometemos al cuerpo con esas ingestas masivas y totalmente descontroladas de grasa, azúcar y alcohol, por las que luego el personal se lamenta solo por el peso ganado, sin reparar en cómo el haber forzado la maquinaria deja un rastro imborrable en nuestro organismo a muchos niveles. ¿Qué es lo que hace que parezca imposible celebrar estos días con mesura y que convertamos cada reunión en estas fechas casi en banquetes romanos?

Que venga Iker Jimenez y me explique todo esto por favor.

Os dejo con la receta, que incluye uno de mis ingredientes favoritos.

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Galletas de mazapán y naranja.

Ingredientes:

  • 250 gramos de harina de todo uso

  • 150 gramos de mantequilla a temperatura ambiente

  • 100 gramos de mazapán (esta vez he comprado unas barras que vendían en Lidl, si no, siempre podéis hacerlo casero si tenéis TMX siguiendo esta receta: CLICK)

  • 50 gramos de azúcar

  • 1 cucharadita de vainilla en pasta

  • 1 yema de huevo

  • 1 pizca de sal

  • 100 gramos de naranja confitada a trocitos

Elaboración:

  • Poner todos los ingredientes en la Thermomix o en el robot que tengáis y mezclar bien hasta conseguir una masa homogénea.

  • Enfriar la masa una media hora en la nevera.

  • Hacer bolitas, aplastarlas con la palma de la mano o con una cuchara y adornar al gusto. Yo les puse más naranja en el centro, esta semana hice otras y les puse guindas. Imaginación al poder. Colocarlas en la bandeja del horno sobre teflón, silpat o papel de horno.

  • Hornear a 175ºC unos 10-15 minutos dependiendo del horno.

  • Dejar enfriar en rejilla.

La receta la saqué de: CLICK

Disfrutad estos días. A ser posible no os dejéis atracar e intentad no darle a vuestros bodies muchos atracones.

Yt.

3 Replies to “Galletas de mazapán y naranja”

  1. Reflexiones in the middle of the night.
    Entono el “mea culpa” yo soy de atracones, no tanto de atracos, me agobia la vorágine consumista que discurre
    en fréneticas hordas por las calles de todas las ciudades (uyyyy qué bien MAQUEDAO)

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