Magdalenas de gin-tonic

La primavera trae consigo el sol, los primeros días de calorcito, las alergias, la vida que comienzan a tener nuestras terrazas, los días más largos, el colorido de las flores, la astenia primaveral… y junto a todo esto, también trae otro fenómeno: las bodas. Una celebración que desgraciadamente, como otras, creo que está muy desvirtuada. Y es que lo que debería ser un día para celebrar la realización de un sacramento o la unión de dos personas con un carácter civil,   en MI opinión ha perdido su sentido casi por completo para pasar a ser un auténtico negocio y una locura familiar, por no hablar de las incongruencias que, a efectos de creencias, suponen una gran parte de las bodas que se celebran a diario en cualquiera de nuestras ciudades.

Quede claro antes de seguir, que la industria que rodea a las bodas me parece algo perfecto; hay bodas preciosas, fotógrafos especializados en esa temática que me vuelven loca, como Mister Phill, o empresas que se dedican a organizar ese día que logran auténticas maravillas. Además, estas celebraciones suponen una fuente de ingresos enorme para muchísimos negocios locales, y eso en los tiempos que corren, es de agradecer.

Mi reflexión se dirige a otros temas. Por ejemplo, me sigue llamando poderosamente la atención que gente que no ha pasado básicamente por la iglesia desde que hizo la Primera Comunión o se confirmó, que va a bodas de amigos o familiares y se queda en la puerta de la iglesia o en el bar de enfrente, que despotrica a diestro y siniestro de la Iglesia a la primera de cambio (si bien es cierto que hay mucho que criticar), o que hace todo lo posible por “escaquearse” de los cursos pre-matrimoniales, se case por la iglesia. ¿Es cuestión de dar gusto a otras personas pese a que se esté haciendo algo que va en contra de las creencias personales de uno? ¿Es por aquello de que “es lo que hay que hacer” aunque tras ese día no vuelva a entrar en una iglesia hasta que bautice a mi primer hijo? Este es un tema que me resulta especialmente llamativo.

Hace un par de días, una pareja que cumplía su primer año de casados decidió hacer una nueva celebración pero esta vez siendo tan solo ellos y sus familias directas, padres y hermanos. Decían que el día de su boda los dos sintieron que no había sido realmente su día, sino el de las cientos de personas a las que habían invitado, ya que se sentían obligados a estar pendientes de todos los asistentes, su interés principal era que todo el mundo estuviera bien atendido y disfrutando (cuando, digo yo, que en realidad debería ser al revés). Aquí entramos en otra reflexión; cientos de personas invitadas. Cientos?. Sí, es más común de lo que parece. Y entre esos cientos, siempre hay decenas, y seguro que en alguna hasta un centenar, de los llamados “compromisos” de ambas familias. Personas que los cónyuges desconocen en la gran mayoría de los casos, pero cuya presencia no les importa porque al fin y al cabo si los padres pagan la boda, les da igual; y si son los propios novios quienes pagan el sarao, lo ven como otra fuente de ingresos más por eso que a mi me resulta tan triste y que se llama “pagar el cubierto”. ¿Invito para que disfrutes este día (que se supone que es MI día) junto a mí, o me da igual quien venga ya que al fin y al cabo todos van a financiarme parte de la decoración del piso o el viaje de novios a Honolulu?

Y aquí tenemos otra “alegría”. El papel del invitado. Recibir una invitación de boda es algo que a mucha gente a día de hoy le supone una situación incómoda. Hay gente que decide casarse y lo primero que hace es una lista de invitados digna de una Casa Real, creando al 80% de invitados una situación de compromiso. Traje, calzado, complementos, peluquería y el regalo. Y eso si eres una persona sola. Cuando ya se trata de una familia con críos, apaga y vámonos. Un desembolso al que muchos no pueden hacer frente y que además a un porcentaje elevado de los que asisten estoy segura que no les compensa. Al menos a mí jamás me ha compensado, y eso que a las últimas bodas he ido con “fondo de armario” que ya rozaba lo vintage ;). De hecho, he salido de ellas pensando acerca del dineral que se ha gastado la mitad de los invitados para finalmente acabar pasando la jornada con las ocho o diez personas que componían sus mesas y que normalmente suelen ser personas con las que se tiene cierto trato de manera más o menos habitual. Y os aseguro que ese esfuerzo que hacen muchas de las personas que asisten a esas bodas multitudinarias, pasa totalmente desapercibido a los novios en una gran mayoría de veces, porque al fin y al cabo ellos se centran en que el ritual, el show, “lo socialmente establecido” salga según el guión previsto.

En resumen: no me gusta ver como un día en el que se celebra algo que en esencia es tan íntimo, se convierte la mayoría de las veces en un evento multitudinario en el que los propios protagonistas viven más centrados en las superficialidades que rodean a dicho día que en el sentido del momento en sí que están protagonizando en sus vidas.

Conclusión pese a todo: ¡Vivan los novios! 😉

Y como no hay celebración en la que no corra el alcohol, hoy os traigo una receta espectacular. La original es de un bizcocho, pero yo, como siempre, he reducido las cantidades a la mitad y he hecho magdalenas con la masa. Magdalenas de gin-tonic. Como lo leéis. Exquisitas, esponjosas, jugosas y con el punto de la lima y la ginebra. De escándalo.

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Magdalenas de Gin-Tonic (Receta original/Original recipe)

Ingredientes:

Para la masa:

  • 115 gramos de mantequilla a temperatura ambiente

  • 115 gramos de azúcar

  • 115 gramos de harina de repostería tamizada

  • 1 cucharadita de levadura en polvo

  • La ralladura de un limón

  • La ralladura de media lima

  • 2 huevos M

  • 1,5 cucharadas de ginebra

  • ½ cucharada de tónica

Para el sirope de cobertura:

  • El zumo de 1 limón

  • 1,5 cucharadas de ginebra

  • ½ cucharada de tónica

  • 60 gramos de azúcar

Elaboración:

  1. Precalentar el horno a 190 grados.

  2. En un robot de cocina o en un bol, mezclar la mantequilla, el azúcar, la harina y la levadura tamizadas juntas y las ralladuras mezclando todos estos ingredientes bien.

  3. Añadir los huevos y batir varios minutos a velocidad media-alta hasta conseguir una mezcla densa y lisa.

  4. Rellenar las cápsulas ⅔ de su capacidad.

  5. Hornear 20 minutos.

  6. Sacar del horno, hacer varios agujeritos en cada magdalena con un palillo y con una cucharita, emborracharlos bien.

  7. Dejar enfriarlas sobre una rejilla.

  8. Decorar con ralladura de lima y azúcar si se quiere.

Nos vemos el próximo fin de semana.

Un beso,

Yt.

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7 comments on “Magdalenas de gin-tonic

  1. Eva

    Hola!! He llegado aquí por el enlace de mi querida profe Belén, de Cupcakes a gogó. Estoy alucinando con el incidente sobre la marca Yoyas; a cuadros me he quedado!!
    Que sepas que me gusta mucho tu blog, tiene mucha personalidad y un estilo muy fresco y diferente. Además, comparto totalmente tus reflexiones sobre las bodas, sobre las incongruencias que se dan en ciertas personas a la hora de elegir cómo casarse y sobre como poco a poco en algunas casos perdemos la esencia de lo que es realmente una boda…
    Por otra parte, estos cupcakes son súper originales, me encantan!! La idea es genial!
    Pero bueno, cómo me enrollo!! Nada más, solo darte la enhorabuena por el trabajazo en reconstruir el blog y me voy a Facebook a dejarte mis “me gusta”… 🙂
    Un beso!
    Eva.

    1. Ytreats
      Ytreats

      Hola Eva!
      Me has descubierto gracias a mi “hermana virtual”, algo que me encanta! Mi blog es algo diferente al resto en cuanto que hago reflexiones de cosas que me llaman la atención, me interesan, me indignan o me parecen curiosas o llamativas. Digamos que a esa parte le doy tanta importancia o más que a la receta!. Gracias por estar aquí y espero que te hayas suscrito, ya que seguirnos ahora por Facebook es casi misión imposible. Un beso!.

  2. Gemma

    No podía estar más de acuerdo! En todo! Yo me casaré por la iglesia porque creo en ello, no tendré cientos de invitados aunque haya que luchar con los padres y sus compromisos, porque quiero que ese día sea para nosotros y compartirlo con nuestra familia y amigos! Me apunto la receta que igual forma parte de la boda 😉

    1. Ytreats
      Ytreats

      Hola Gemma! ojalá y puedas resistir la marea de los compromisos porque por lo que veo en gente a mi alrededor no es nada fácil! Intenta que ese día sea solo vuestro y de nadie más, y pásale la receta al lugar que os haga el catering porque será toda una sorpresa!
      Un besazo y gracias!

  3. Marina BlauKitchen

    He disfrutado con tus reflexiones sobre las bodas. A veces también cuesta mucho “enfrentarse” a toda la familia por hacer valer tus creencias personales. Cuando uno dice “nos casamos” todos piensan en lo bonita que quedará la iglesia con las flores, el velo al viento, la cola del blanco traje de la novia y cosas por el estilo. Mi experiencia fue otra, nos casamos hace 30 años como quisimos, a pesar de todo y de todos los que quisieron convencernos de que así no se casaba la gente!
    Aun hoy, después de 30 años, si 30 años, si sale el tema bodas y comento la mía las caras son de incredulidad, sorpresa y hasta estupefacción. Nos casamos en un Registro Civil cuando todavía era raro casarse en un lugar e n el parecía que te iban a juzgar por algo, sin florituras, sin discursitos ni poemas. Y yo lucía un modelito de coctel color negro, si, no había otro color entre el blanco y el negro, eso me preguntaba mi madre. Y es que yo no me imaginaba ante el juez con velos, colas y azahares, además con mi baja estatura y mi extrema delgadez si me hubiera vestido de blanco habría parecido una novia enanita o una niña de comunión, y una es muy presumida! jajaja. Mi suegra horrorizada hasta nos envió un sacerdote para hacernos entrar en razón.
    Al final, nos casamos como quisimos … hace 30 años ya y fuimos felices y comimos perdices.

    1. Ytreats
      Ytreats

      Marina! Nosotros nos casamos en tierras vikingas, por lo civil (siempre digo que llegado el caso tengo la excusa perfecta: no entendí nada de la ceremonia 😉 ), solo fuimos 40 personas, la familia más directa del vikingo y amigos de medio globo que quisieron venir. Todo se celebró en el jardín de la madre del vikingo, con quien harías muy muy buenas migas por cierto. Ella se encargó de absolutamente todo, organizó tres días seguidos, tres, de fiestas y celebraciones en casa. Tan solo me dijo que me comprara dos modelos diferentes para el día D, uno para la ceremonia y el cocktail posterior y otro para la cena y fiesta de la noche y esa fue toda mi aportación. El resto fue todo obra suya y fue increíble. De España tan solo vino un amigo cántabro que se lo pasó en grande y que hizo las veces de “padrino”. Mis padres, que no hablan inglés, prefirieron no asistir, algo que les agradecí enormemente ya que habría tenido que estar todo el tiempo pegada a ellos las 24 horas traduciéndoles y haciéndoles sentir integrados. A la gente siempre le ha chocado esto mucho, pero para nosotros fue de lo más natural, ellos no se iban a sentir cómodos y yo tampoco, así que, una vez más, demostraron la sensatez que siempre les ha caracterizado. Fueron unos días de los que guardo cientos de anécdotas, pero sobre todo, los recuerdo como días de fiesta rodeada solo de gente de verdad cercana y en los que reí muchísimo. Y por ahora, seguimos comiendo perdices 😉 Un beso!

  4. Marina BlauKitchen

    Gloria, como me ha gustado saber mas de ti al leer el comentario, creo que lo que toca es felicitarte por tu boda tan especial y decir vivan las bodas como cada cual desea de corazón y por supuesto que sigamos todos felices y comiendo perdices jajaja
    Un beso enorme pero enormeeeee

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