Galletas salada de queso y avellanas

Hay cosas que me cuesta mucho entender. Cosas que aunque estoy segura de que se hacen con buena intención, en esta época en la que vivimos, merecen una reflexión. Hace un par de semanas, en un periódico local leo que un colegio estaba recaudando comida y fondos para Ruanda. Esa misma tarde, y a dos minutos de mi casa veo a un hombre DENTRO de un contenedor de basura que, para mi desconcierto y sorpresa, iba tirando a la acera bolsas enteras sin abrir de pan de molde, provenientes de un supermercado de bajo coste situado a 50 metros de ese contenedor. Entonces recuerdo que hace tiempo me enteré que otra cadena archiconocida de supermercados no dona sus alimentos a punto de caducar sino que aparentemente los tira.

Un miembro de mi familia,  muy implicado en el trabajo del Banco de Alimentos de Badajoz, cuenta que junto al perfil de familias a las que se ha venido ayudando desde siempre, ahora hay otro grupo, el de familias como las de cualquiera de nosotros, que han perdido todo y han de recurrir a este tipo de instituciones. Y hablamos de gente que pueden ser nuestros vecinos, o los padres de un compañero/a de vuestros hijos, incluso quien sabe, algún familiar. Por esta persona conozco de primera mano cómo trabajan estos bancos, a quienes ayudan, como reparten y controlan lo que se les entrega, e historias de muchos receptores de esta ayuda en forma de bolsas de alimentos semanales que ponen los pelo de punta a cualquiera. Y es que, desgraciadamente, no hay que irse a miles de kms para ser testigo de lo que es la pobreza.

Por eso, cuando leo esas noticias de asociaciones centradas en recaudar fondos para países lejanos, siempre me viene el mismo pensamiento a la cabeza: con las necesidades que están pasando tantas y tantas personas a nuestro alrededor, ¿por qué no nos centramos en intentar paliar primero estas situaciones y luego ocuparnos de lo que hay más allá de nuestras fronteras? Y es que (y aquí sé que causaré polémica) para mi, la situación que viven todos esos países del denominado Tercer Mundo, es algo consentido internacionalmente. Los países “desarrollados” tenemos los medios, económicos y materiales para haber resuelto la situación de varios de esos países en vías de desarrollo hace mucho tiempo, pero es algo que políticamente no interesa. Interesa en cambio que sigan en guerra, que no evolucionen, que no se desarrollen. Hay muchos intereses económicos en juego que nadie quiere dejar escapar.

No digo que no haya que echar un cable llegado el momento, sino que establezcamos prioridades; a día de hoy en nuestro país, en nuestra ciudad, hay desgraciadamente suficientes familias pasándolo realmente mal, familias que tienen que recurrir al Banco de Alimentos o a otras instituciones para que les faciliten algo tan básico como leche o papillas para sus bebés porque literalmente no tienen con qué alimentarlos. ¿Qué hacen esos supermercados tirando a los contenedores de basura lotes de productos que estoy segura son perfectamente aptos para el consumo, o llevándose a diario en sus camiones de reparto bolsas gigantes con lo que para ellos es “basura” y con las que un comedor social podría tener suficiente para cubrir un par de semanas? ¿Por qué un comedor social de nuestra ciudad ha de pasar necesidad mientras nosotros recaudamos fondos para enviar a un país X que además, a saber si finalmente recibe esa cantidad, o parte de la misma se “pierde” en el camino? Mi prioridad al menos está clara, primero lo que tengo cerca, que bastante grave es; después, el resto.

Como decía al inicio, hay cosas que me cuesta mucho entender.

Y si habéis leído hasta aquí, os merecéis entonces la receta de esta semana ;). Son unas galletitas saladas con quesitos y avellanas, que se hacen en nada de tiempo en la Thermomix. La vi en su día en el blog Bocados de Cielo y enseguida la “fiché” para mi Pinterest (sí, esa oscura red desde la cual coleccionar deseos 😉 ). La receta la tenéis en el enlace pero os la pongo aquí para que también la tengáis.

IMG_1071-1-1

Galletas saladas de queso y avellanas.

Ingredientes:

  • 8 quesitos en porciones (vale hacerlas con quesitos light y normales, estás mías de light no tienen nada 😉 ).

  • 135 gramos de harina.

  • 90 gramos de mantequilla.

  • 50 gramos de avellanas.

  • Una pizca de sal.

  • Sal en escamas para decorar.

Elaboración (en TMX, pero fácil de adaptar a cualquier otro robot o incluso de hacer sin él):

  1. Triturar las avellanas en velocidad 6 hasta que se pulvericen con cuidado de que no empiecen a soltar grasa, no queremos pasta de avellanas, no. Poner las avellanas en un bowl para utilizarlas después.

  2. Mezclar en el vaso la mantequilla y la harina unos 10 segundos a velocidad 5.

  3. Añadir los quesitos y mezclar a velocidad 5 durante 15 segundos.

  4. Añadir por último las avellanas picadas y la pizca de sal mezclar a velocidad 3, 5 segundos.

  5. Hacer una bola con la masa y guardar en el frigorífico hasta que esté bien fría.

  6. Extender la masa entre dos papeles de horno, cortar las galletas con las formas que queramos.

  7. Volver a introducir en el frigo las galletas cortadas durante una hora.

  8. Espolvorear las galletas con sal en escamas y hornear en horno precalentado a 175º unos 15 minutos hasta que alcancen el tono que dorado que más nos guste.

Son unas galletas que triunfarán en cualquier aperitivo, muy aromáticas y cuasi hojaldradas. Mejor tomarlas el mismo día en que se hacen, ya que al siguiente, aunque se guarden en recipiente hermético, pierden.

Nos vemos este viernes, sí, el viernes, con la entrada que imagináis más me gusta de todo el año, la de San Valentín. ;).

Yt.

2 Replies to “Galletas salada de queso y avellanas”

  1. La receta muy interesante, no uso Pinterest porque ya entre los blogs que sigo y facebook se me va un montón de tiempo. No es polémico lo que dices sobre el tercer mundo, es realidad. Una realidad demostrada en bibliografía seria. Y creo igual que tú que en estis momentos hay que centrarse en ayudar a las familias a las que la vida le ha dado un portazo en la cara. Familias que salían adelante igual que nosotros y que de repente se encuentran con que lo básico no lo tienen. Una mañana no tienen ni leche para desyunar. Y lo de los bebés ni te cuento. Con eso de que cada lata de leche vale casi nueve euros… Es una cuestión de prioridades y si este gobierno ha decidido que no hay dinero para ellos, los demás tendremos que tomar las riendas del asunto. También es interesante el papel que juegan otras instituciones como parroquias o Caritas que les ayudan pagando recibos. Que yo no soy católica y creo que no es justo que luego se les trate denostadamente queriendo quitarles ayudas. Si no fuera por ellos, muchas familias estarían sin servicios básicos. Y lo dejo ya, que me quema el asunto. Pero de acuerdo contigo en todo.
    Un abrazo

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.