Macaroons de plátano

Esta semana me gustaría haber sido como Rambo. Él solo tiene que preocuparse de comer, beber, dormir y recibir muchísimo cariño. Es un perro totalmente feliz que por suerte vive ajeno a todo aquello que sucede fuera de su micromundo. Eso queda para nosotros, sus dueños, quienes en semanas como esta que hoy acaba no damos crédito a todo lo que pasa a nuestro alrededor. ¿O sí? Quizás sí.

Hasta hace relativamente poco tiempo, leer los periódicos, escuchar las noticias y, en menor medida, ver los informativos en televisión, era una actividad que me gustaba. El estar informada siempre ha sido casi una necesidad en mí. Pero eso está cambiando, y a velocidad de vértigo. ¿Por qué? Pues porque cada noticia, cada asunto relevante que ocupa las portadas se resume en una sola palabra que como ciudadana solo me provoca desasosiego e indignación: corrupción. Política, económica (las dos con el mismo fin: el enriquecimiento propio) y la que para mí es la consecuencia de todas las anteriores, la corrupción moral. En este país, en ciertos niveles parece ser que ya no hay valores. O al menos no importan. Todo es una cuestión de imagen y de lograr a cualquier precio el beneficio individual, pase lo que pase, a costa de cualquier cosa. Una vez que se llega arriba, una vez que se disfruta de un mínimo de poder nadie quiere abandonarlo. Todo vale.

Y ese “todo vale” es el que está llevando de manera acelerada a los ciudadanos de a pie a tener cada día menos fe en los que nos “gobiernan”. Sean del partido que sean. Para mí ya no hay diferencias. Cada día estamos más cansados, nos sentimos timados, abusados, engañados en todos los aspectos. Y seguimos aceptándolo. Seguimos pasivos y sin reaccionar porque en el fondo nos hemos acostumbrado a vivir en esa zona de confort llamada estado del bienestar, de la que no queremos salir, y que en realidad si lo pensamos bien no deja de ser una forma moderna de esclavitud: mientras pagues a papá Estado, todo “irá bien”, deja de hacerlo, y se acabará esa ilusión de “bienestar”. Con tal de seguir en ella aguantamos lo indecible, chillamos, protestamos, nos indignamos pero a sabiendas de que siempre acaban ganando los de arriba porque son conscientes de que nos quedamos en eso, saben a ciencia cierta que no vamos a llegar a más. Nada cambia porque estamos cómodos. Controlados pero cómodos.

Mi sensación es que todo aquello que pasa en nuestra sociedad, esas noticias que nos hacen protestar en voz alta nos llevan de un tema a otro con tiempos medidos, dándonos el necesario para escandalizarnos, a sabiendas de no iremos nunca más allá. Los asuntos se van sobreponiendo uno a otro. Temas como el caso Faisán, el caso Bárcenas, Urdangarín, los ERE en Andalucía, el referéndum catalán, las tarjetas opacas, y ahora la chapuza indignante de todo lo que está ocurriendo con el ébola, todo acaba desgraciadamente diluyéndose en el tiempo, de manera que el interés que en su día despertaron y todo ese ruido mediático que hicieron, en nada de tiempo se convierte en un par de titulares esporádicos, de esos que al leer te llevan a decir: “ah, mira, es verdad, no me acordaba ya de esto”.

Una pena. Pero es la realidad. Por eso, en semanas como la que termina, miro a Rambo dormir plácidamente o jugar con su hueso de goma y sonrío. Él sí que sabe ;).

La receta. Vamos a la receta que me enrollo y no paro. La idea era haber traído una receta otoñal al blog, pero mi experimento de ayer no salió como esperaba, así que al tener que intentarlo de nuevo, tuve que decidir qué preparar de manera rápida y sencilla para la entrada de hoy. Y me acordé de estos macarOOns (sí con dos “o”, diferentes a los que enseña a hacer magistralmente mi querida Belén) que no llevan ni pizca de azúcar. Cierto es que a los más golosos esta versión no les va a hacer mucha gracia, pero a los que soléis sustituir el azúcar por otros ingredientes, os va a gustar.

INTIG

MacarOOns de plátano

Ingredientes

  • 2 claras de huevo L.

  • 75 gramos de coco rallado.

  • 1 plátano grande maduro y bien triturado.

  • Chocolate para fundir

Elaboración

  1. En un bol mezclamos los tres ingredientes.

  2. Hacemos bolitas con la mezcla y la ponemos en la bandeja de horno previamente forrada con papel o silpat.

  3. Horneamos unos 12-15 minutos en horno precalentado a 190ºC.

  4. Dejamos enfriar en rejilla.

  5. Una vez fríos, fundimos el chocolate al baño María o en el micro y bañamos las bases de los macarOOns.

Y esto es todo. Espero que los que tengáis puente el lunes disfrutéis del fin de semana largo. Yo volveré ese día festivo con un sandwich que por básico no os va a dejar de sorprender.

Un beso,

Yt. 

5 Replies to “Macaroons de plátano”

  1. ¡Qué razón tienes! Lo que está pasando estos días, es una consecuencia más de la ineptitud de los que nos gobiernan, algo más para añadir a la larga lista de despropósitos de este país.
    Para colmo, esta semana aquí han pillado a uno de los mayores referentes sindicales en el sector minero, con las manos en la saca… Te puedes imaginar. Provengo de una familia de mineros (mi padre trabajó en el agujero 36 años) y como me decía ayer ¿Qué nos queda?
    Llevo 3 años sin trabajo, sin saber ya qué más hacer, y ver ésto todos los días acaba con las pocas energías que me quedan.

    En fin…

    Por cierto, la receta me encanta!

  2. Solo puedo decir que lo has clavado! A mi solo me salen exabruptos y de los gordos.
    Y de la recta, me encanta. Pero he echado en falta la temperatura del horno.

    1. Toda la razón Margarita! Voy a ello y corrijo. Gracias y un besazo. Te quiero aquí cada semana. Es una orden! 😉

  3. La verdad es que tienes toda la razón para estar indignada, pero yo hace tiempo que me he dado cuenta que, realmente, nuestros políticos son un reflejo de la sociedad en la que vivimos.
    Casi todo el mundo, a su nivel, intenta robar. Primero digo “casi”, porque hay gente con principios y moral que no lo hace, pero, por regla general, el español siempre intenta “sacar tajada” donde se encuentra: no pagar el IVA al fontanero o electricista que viene a hacernos una reparación, llevarme a casa folios y boligrafos de la empresa, hacer las llamadas telefónicas desde el trabajo… y podria seguir.
    La famosa frase: “No te pido que me des, sino que me pongas donde haya” es hoy, tristemente, una realidad

    Y no me quiero poner a divagar más con este tema, que realmente es indignante… Vamos a la receta: Una delicatessen, me ha encantado.

    Besos

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